En España se desata una carrera por los últimos visados de oro

Reportajes Especiales - Business

Guardar

Real Estate and Housing (Residential)SpainMalaga (Spain)VisasForeign InvestmentsPolitics and Government

Jim y Katharine Miller Diehl pensaban que habían encontrado su boleto de salida de Estados Unidos: un departamento de tres dormitorios en una nueva urbanización con vistas a la costa mediterránea del sur de España. La pareja de jubilados de San Petersburgo, Florida, apostaba por el popular programa español de residencia por inversión, conocido como "visado de oro".

"Vivir en el extranjero ha sido el sueño de nuestra vida", dijo Katharine Miller Diehl, de 63 años. "Simplemente nos sentimos atraídos por España. El costo de la vida es mucho menor que en Estados Unidos. El ritmo de vida es más lento. La comida es estupenda".

Eso fue hace tres años. Nunca imaginaron que sería una carrera contrarreloj. En marzo, con la construcción de su piso a punto de terminar, la pareja se apresuró a viajar a España para solicitar formalmente el programa, que concedía el derecho de residencia a los extranjeros que compraran propiedades por valor de 500.000 euros como mínimo. Pero ahora se enfrentaban a un plazo inminente: el 3 de abril.

"No se suponía que esto fuera una bomba de tiempo", dijo Katharine Miller Diehl. "Tuve que ir a teñirme el pelo la semana pasada. Me han salido un montón de canas".

El año pasado, el gobierno español anunció abruptamente que dejaría de expedir visados por inversión, como parte de una nueva estrategia para combatir una crisis inmobiliaria que había puesto los alquileres y los precios de la vivienda fuera del alcance de muchos españoles nativos. Para los compradores de vivienda extranjeros, se cerraba la puerta a una nueva vida.

"La vivienda es un derecho constitucional y no un mero negocio especulativo", dijo el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, en una rueda de prensa el pasado abril. "Por eso vamos a eliminar la 'Golden Visa'".

Fue un giro de 180 grados. Hace una década, España y otros países europeos, como Portugal y Grecia, estaban desesperados por atraer inversores mientras salían de la crisis de deuda de 2009. Ofrecieron visados de oro --que permitían a los recién llegados trabajar, vivir y estudiar en el país-- para ayudar a cubrir los déficits presupuestarios y reactivar sus tambaleantes mercados inmobiliarios.

El programa español, que comenzó en 2013, resultó ser demasiado popular. Según el gobierno, se concedieron más de 15.000 visados vinculados a inversiones inmobiliarias, principalmente a estadounidenses, británicos, chinos, rusos y ciudadanos de Medio Oriente. De 2016 a 2023, el programa generó unos 10.000 millones de dólares en inversiones. Los visados eran válidos durante cinco años y podían renovarse cada cinco años, y permitían a los beneficiarios utilizar sus viviendas como alquileres a corto plazo.

Desde 2020, el número de estadounidenses residentes en España ha crecido un 32 por ciento, hasta casi 70.000. Según afirmó Javier Rosado, de Strand Properties en Fuengirola, municipio costero cercano a Málaga, su creciente clientela estadounidense quería evitar la política venenosa. España también ofrecía un estilo de vida más asequible, ya que el euro bajó hasta casi la paridad con el dólar. Por ejemplo, las hipotecas: el tipo de interés medio de los préstamos se sitúa justo por encima del 3 por ciento, menos de la mitad del tipo estadounidense actual.

A medida que el número de nuevos visados dorados se disparaba a finales de la pandemia, también lo hacía el valor de las propiedades, dejando a más compradores nacionales fuera de los mercados sobrecargados. En España, tanto los alquileres como el precio de la vivienda han subido un 11 por ciento en el último año. En las principales ciudades, como Madrid y Barcelona, han estallado protestas contra las plataformas de alquiler a corto plazo y el aumento de los costos de la vivienda. (Grecia, Hungría, Chipre y Malta siguen ofreciendo visados dorados con un componente inmobiliario).

Además de la fecha límite del 3 de abril para presentar las solicitudes de visado, Sánchez dijo que tenía previsto duplicar el impuesto sobre bienes inmuebles en el momento de la compra para las viviendas adquiridas por ciudadanos de países no pertenecientes a la Unión Europea, en parte para impedir que los titulares de visados dorados conviertan sus nuevas viviendas en alquileres de corta duración. Al anunciar la medida, dijo que "Occidente se enfrenta a un desafío decisivo: no convertirse en una sociedad dividida en dos clases, la de los propietarios ricos y la de los inquilinos pobres".

Ciertamente, España no es el único país europeo abrumado por el éxito de la residencia por inversión: Portugal clausuró su programa en 2023, al igual que Irlanda.

Según algunos agentes inmobiliarios españoles, el impuesto propuesto hará poco por resolver el verdadero problema del país: una grave escasez de inventario. Desde 2021, España ha construido unas 90.000 viviendas nuevas cada año, según el Banco de España. Pero la población ha crecido en casi 2 millones en ese tiempo, según el Instituto Nacional de Estadística.

Tampoco está claro si el nuevo impuesto se hará realidad. El Parlamento español, que sigue fragmentado tras las elecciones inconclusas de 2023, debe aprobarlo. Y, según admite Sánchez, las ventas de inmuebles a extranjeros solo representaron 27.000 transacciones en 2023.

William Morillas, de Target Estates, en Mijas, cerca de Málaga, dijo que era una maniobra política que no ayudaría en nada a la vivienda.

Atrapados en el proceso están compradores como los Miller Diehl, que planeaban vivir a tiempo parcial en su nuevo piso. En 2022, firmaron un contrato de 839.580 euros (921.000 dólares) para comprar una vivienda en la urbanización Valley Collection, a unos 24 kilómetros de Málaga, justo cuando empezaba la construcción. Una vez completada, la transacción se cerraría, lo que permitiría a la pareja tramitar su solicitud de residencia. Los Miller Diehl presentaron la solicitud el mes pasado, justo cuando se estaba terminando de construir la vivienda. Su abogado les dijo que, aunque últimamente se ha ralentizado el proceso de aprobación, deberían ser aprobados, ya que su solicitud cumplía todos los requisitos. Pero si no, lo más probable es que vendan el piso y tengan pérdidas.

"No te puedes imaginar lo estresante que ha sido esto", dijo Katharine Miller Diehl. "Estamos saltando al vacío y esperando que todo salga bien".

Álvaro Hernández y su esposa, Alicia, llevaban tiempo acariciando la idea de trasladarse a España, preocupados por el aumento de la delincuencia en su México natal. Pensaron que Madrid sería ideal gracias a su considerable comunidad de expatriados mexicanos. En septiembre del año pasado, los Hernández visitaron algunos lugares de la capital española, pero se abstuvieron de hacer una oferta porque los precios eran demasiado altos. Cuando el gobierno declaró que iba a ponerle fin al programa de visados de oro, la pareja se apresuró y compró un piso de cuatro dormitorios en el barrio madrileño de Chamberí por 1,8 millones de euros (1,95 millones de dólares). Justo antes de Navidad, solicitaron el visado. Si se lo niegan, venderán la vivienda rápidamente y se irán del país.

Álvaro Hernández, de 36 años, quien dirige una empresa que crea software para aplicaciones móviles dijo que gastaron mucho dinero e hicieron la compra con prisa para poder hacer el papeleo. Añadió que ahora se encuentran en una extraña y estresante situación de espera.

Otros han conseguido superar los obstáculos. Michael Schatman, oriundo de Nueva Jersey, decidió trasladarse a España después de que su hijo estudiara en Madrid. Así podría continuar a distancia su trabajo como investigador sobre el tratamiento del dolor. "Estaba tan asqueado con el país y el trumpismo", dijo Schatman, de 65 años. "Pensé: tengo que irme de aquí".

No tardó en hacer una oferta el pasado octubre por una casa cerca del mar Mediterráneo en Xàbia, a unos 112 kilómetros al sur de Valencia. El trato se vino abajo cuando el vendedor cayó enfermo. Una semana después, firmó el contrato de otra casa por 960.000 euros (1,03 millones de dólares), 100.000 euros más de lo que había presupuestado inicialmente.

"Me estaba precipitando", dijo Schatman. "Sentía que tenía que hacerlo, si quería el visado de oro".

Pero valió la pena. Schatman recibió el visado unos dos meses después de que se cerrara su venta en noviembre. Por estos días, trabaja por las mañanas, antes de que Estados Unidos se despierte. Por las tardes, hace senderismo por las montañas cercanas. "Me encanta el clima. Me encanta el océano. Me encantan las vistas", dijo. "Ahora mismo estoy mirando al océano y puedo ver Ibiza: es una locura".