Millones de mujeres perderán acceso a anticonceptivos como consecuencia de los recortes de ayudas de Trump

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Estados Unidos va a suspender su ayuda económica a programas de planificación familiar en países en desarrollo, con lo que dejará sin acceso a anticonceptivos a casi 50 millones de mujeres.

Aunque este cambio de política no ha llamado mucho la atención entre el caos por el desmantelamiento total de la ayuda estadounidense al exterior, podría tener implicaciones enormes, como más muertes maternas y un aumento general de la pobreza. Echa por tierra un mecanismo que en años recientes había permitido hacerles llegar anticonceptivos de acción prolongada a mujeres de algunas de las zonas más pobres y aisladas del mundo.

Según la organización de investigación sanitaria KFF, Estados Unidos proporcionó unos 600 millones de dólares, alrededor del 40 por ciento de la financiación que los gobiernos aportaron a los programas de planificación familiar en 31 países en desarrollo, en 2023, el último año para el que se dispone de datos.

Un análisis del Instituto Guttmacher, una organización de investigación sobre salud sexual, calcula que esa financiación, con la que se les proporcionaron dispositivos anticonceptivos y los servicios médicos para suministrarlos a más de 47 millones de mujeres y parejas, evitó 17,1 millones de embarazos no deseados y 5,2 millones de abortos inseguros. El estudio del Guttmacher concluyó que, sin esta aportación anual, 34.000 mujeres podrían perder la vida cada año, muertes maternas evitables.

"La magnitud del impacto es alucinante", opinó Marie Ba, que dirige el equipo de coordinación de la Asociación de Uagadugú, una iniciativa con el objetivo de acelerar las inversiones y el acceso a la planificación familiar en nueve países de África Occidental.

La financiación se suspendió debido al desmantelamiento de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés) por parte del gobierno de Trump. El Departamento de Estado, que absorbió el viernes los restos esqueléticos de la USAID, no respondió a una solicitud de comentarios sobre la decisión de dejar de financiar la planificación familiar. El secretario de Estado, Marco Rubio, señaló que los proyectos de ayuda cancelados eran un despilfarro y no se ajustaban a los intereses estratégicos de Estados Unidos.

El apoyo a la planificación familiar en los países más pobres y poblados del mundo ha sido durante décadas una prioridad política constante tanto de las administraciones demócratas como de las republicanas, pues se le considera un baluarte contra la inestabilidad política. También ha reducido el número de mujeres que solicitan abortos.

Entre los países que se verán significativamente afectados por la decisión están Afganistán, Etiopía, Bangladés, Yemen y el Congo.

El Congreso asigna el dinero para apoyar los programas internacionales de planificación familiar y se prorrogó en la ley de gastos más reciente que mantiene al gobierno en funcionamiento hasta septiembre. La medida del Departamento de Estado de recortar estos y otros programas de ayuda es objeto de múltiples demandas en curso ante los tribunales federales.

El gobierno de Trump también le puso fin a la financiación de la agencia de salud sexual y reproductiva de las Naciones Unidas (UNFPA, por su sigla en inglés), que es la mayor facilitadora de anticonceptivos del mundo. Estados Unidos era el mayor donante de la organización.

Aunque Estados Unidos no era el único proveedor de anticonceptivos en ningún país, la suspensión de tajo de la financiación estadounidense generó caos en el sistema y ya ha provocado que las clínicas se queden sin productos.

Se calcula que unos 27 millones de dólares en productos de planificación familiar ya adquiridos por USAID están atorados en distintos puntos del sistema de entrega (en barcos, puertos y almacenes), porque ya no hay programas ni empleados que los descarguen o se los entreguen a los gobiernos, según un antiguo empleado de USAID que no estaba autorizado a hablar con un periodista. Un plan propuesto por los nuevos dirigentes de USAID en Washington es que los empleados que queden los destruyan.

La gestión de la cadena de suministro era uno de los principales objetivos de USAID, en todos los ámbitos de la salud, por lo que Estados Unidos pagó para trasladar suministros de anticonceptivos, como implantes hormonales, por ejemplo, de los fabricantes en Tailandia hasta el puerto de Mombasa (Kenia), desde donde se llevaban en camiones a distintos almacenes de África Oriental y luego a las clínicas locales.

"Volver a encajar las piezas va a ser muy difícil", afirmó Natalia Kanem, directora ejecutiva del UNFPA. "Esta decisión ya ha tenido un impacto catastrófico: afecta literalmente a millones de mujeres y familias. Los países más pobres no tienen la capacidad de recuperación necesaria".

Incluso antes de que Estados Unidos se retirara de los programas de planificación familiar, varias encuestas revelaron que, en todo el mundo, unos 250 millones de mujeres en edad reproductiva deseaban evitar el embarazo, pero no tenían acceso a un método anticonceptivo moderno.

Al mismo tiempo, se habían producido grandes avances. La demanda de anticonceptivos ha aumentado de forma constante (con métodos de acción prolongada que les ofrecen a las mujeres mayor privacidad y protección segura) en África, la región del mundo con la cobertura más baja. El suministro ha mejorado con mejores infraestructuras que han ayudado a llevar los productos a las zonas rurales. Y los proyectos de "creación de demanda", de los que Estados Unidos fue uno de los principales financiadores, utilizaron publicidad y las redes sociales para informar a la gente sobre la gama de opciones anticonceptivas disponibles y las ventajas de espaciar o retrasar los embarazos. Un incremento en la escolaridad de las mujeres también impulsó la demanda.

Thelma Sibanda, de 27 años, licenciada en ingeniería que vive en una comunidad de bajos ingresos a las afueras de la capital de Zimbabue, Harare, recibió hace dos semanas un implante hormonal que evitará el embarazo durante cinco años. La atendieron en una clínica temporal gratuita dirigida por Population Services Zimbabwe, que contaba con una subvención plurianual de USAID para prestar servicios gratuitos de planificación familiar.

Sibanda tiene un hijo de 2 años y dice que no puede permitirse tener más hijos. No ha podido encontrar trabajo en la fracturada economía de Zimbabue, y su marido tampoco. Subsisten con los 150 dólares que él gana al mes en un puesto de verduras. Desde que nació su hijo, Sibanda ha evitado otro embarazo con "esperanza, fe y métodos naturales", y deseaba algo más fiable, pero sencillamente no era posible dado el presupuesto de su familia, hasta que la clínica gratuita llegó a su barrio.

Con su financiación de la USAID, la organización zimbabuense que le proporcionó el implante el año pasado pudo comprar seis robustos vehículos Toyota y material para acampar con los que un equipo de divulgación puede viajar a las regiones más remotas del país para realizar vasectomías e implantar DIU en clínicas improvisadas. Desde la orden ejecutiva de Trump, tuvieron que dejar de utilizar todo ese equipo.

La organización zimbabuense es una rama de la organización internacional sin ánimo de lucro MSI Reproductive Choices, que aportó fondos temporales para que los equipos puedan seguirles prestando atención gratuita a las mujeres a las que pueden llegar, como Sibanda. MSI sólo puede cubrir los gastos hasta septiembre.

Sibanda comentó que su prioridad es proporcionarle la mejor educación posible a su hijo, y como las escuelas son caras, no puede tener más hijos. Pero muchas mujeres africanas no tienen elección. En Uganda, aunque la tasa nacional de fecundidad es de 4,5 hijos por mujer, no es raro conocer a mujeres de zonas rurales con una educación limitada que tienen ocho o diez hijos, explicó Justine Bukenya, profesora de salud comunitaria y ciencias del comportamiento en la Universidad Makerere de Kampala. Estas mujeres se embarazan por primera vez en la adolescencia y sus embarazos no están muy espaciados.

"A los 30 años podrían tener su décimo embarazo, y estas son las mujeres que se verán afectadas", afirmó. "Estamos perdiendo la oportunidad de avanzar con ellas. Estados Unidos estaba haciendo un trabajo muy fuerte aquí para crear demanda de anticonceptivos entre estas mujeres y movilizar a hombres y mujeres jóvenes para que emplearan la planificación familiar".

Algunas mujeres que recibían servicios gratuitos o de bajo costo a través de los sistemas sanitarios públicos ahora quizá intenten comprar anticonceptivos en el mercado privado. Pero lo más probable es que los precios de las píldoras, los DIU y otros dispositivos aumenten significativamente sin las compras garantizadas y de gran volumen de Estados Unidos.