
Layoffs and Job ReductionsNuclear WeaponsNational Nuclear Security AdministrationUnited States Politics and Government
Se encargaban del transporte seguro de materiales nucleares, un trabajo peligroso y exigente que requiere una formación rigurosa. Cuatro de ellos aceptaron la oferta de pago a cambio de su renuncia del gobierno de Donald Trump y abandonaron la Administración Nacional de Seguridad Nuclear (NNSA por su sigla en inglés).
Media docena de miembros del personal abandonaron una unidad de la agencia que construye reactores para submarinos nucleares.
Y se despidió a un bioquímico e ingeniero que se había incorporado recientemente a la agencia como jefe del equipo que hace cumplir las normas de seguridad y medioambientales en una planta de Texas que ensambla cabezas nucleares.
En las últimas seis semanas, la agencia, un puesto relativamente pequeño en una fuerza de trabajo federal que el presidente Trump y su principal asesor, Elon Musk, pretenden reducir drásticamente, ha perdido un enorme cuadro de científicos, ingenieros, expertos en seguridad, responsables de proyectos, contables y abogados, todo ello en medio de los esfuerzos más ambiciosos que haya tenido en una generación.
La agencia nuclear, crónicamente escasa de personal pero de importancia crítica, tiene más trabajo que nunca desde la Guerra Fría. No solo gestiona las 3748 bombas y cabezas nucleares de la nación, sino que está modernizando ese arsenal: un esfuerzo de 20.000 millones de dólares al año que armará una nueva flota de submarinos nucleares, bombarderos y misiles terrestres.
Desde el último año del primer gobierno de Trump, la agencia ha estado intentando desesperadamente aumentar su plantilla para hacer frente a la carga de trabajo adicional. Aunque todavía le faltaban cientos de empleados de los que había dicho que necesitaba, en enero había aumentado sus filas a unos 2000 trabajadores.
Ahora, con los pagos por renuncias y los despidos del gobierno de Trump, la trayectoria de la agencia ha pasado de un crecimiento laborioso a una retracción.
Más de 130 empleados aceptaron la oferta de indemnización del gobierno para renunciar, según documentos internos de la agencia obtenidos por The New York Times de los que no se había informado anteriormente. Esas salidas, junto con las de unos 27 trabajadores que se vieron atrapados en un despido masivo y no fueron recontratados, anularon la mayor parte de los recientes aumentos de personal.
Dedicada a tareas de alto secreto, escondida en el Departamento de Energía, la agencia suele permanecer fuera del radar público. Pero ha surgido como un ejemplo de cómo los recortes del gobierno de Trump, promocionados como una panacea para la supuesta extravagancia y corrupción del gobierno, están amenazando el músculo y el hueso de las operaciones que implican seguridad nacional u otras misiones en el corazón mismo de las responsabilidades del gobierno federal.
Arriesgando el dinero de los contribuyentes
El éxodo "va a dificultar el trabajo porque lo que se ha perdido son algunos de los líderes más valiosos", dijo Scott Roecker, vicepresidente del programa de seguridad de materiales nucleares de la Iniciativa contra la Amenaza Nuclear, una organización sin fines de lucro. "Se trataba de personas muy preparadas, con mucho éxito y muy bien formadas, que realizaban trabajos complejos y especializados".
Entre las bajas: al menos 27 ingenieros, 13 analistas de programas o proyectos, 12 gestores de programas o proyectos, seis analistas presupuestarios o contables, cinco físicos o científicos, así como abogados, responsables de cumplimiento y tecnólogos, según listas internas.
La agencia perdió no solo a funcionarios profundamente empapados en el programa de modernización de armas, sino también a un destacado experto en control de armamentos, en un momento en que el presidente Trump ha dicho que espera reanudar las conversaciones con Rusia y China sobre la limitación de los arsenales nucleares.
"Aquí estamos construyendo nuevas armas nucleares, y ellos están construyendo armas nucleares", dijo Trump en el Despacho Oval el mes pasado. "Estamos gastando mucho dinero que podríamos estar gastando en otras cosas".
Ben Dietderich, portavoz jefe del Departamento de Energía, dijo: "Contrariamente a lo que dicen las noticias, las plantas de producción de armas nucleares y los laboratorios nucleares del Departamento de Energía están gestionados por contratistas federales y han estado exentos" de recortes.
Pero múltiples funcionarios y exfuncionarios de la agencia dijeron que la pérdida de personal mermaría la capacidad de la agencia para controlar a los más de 60.000 empleados por contrato que realizan gran parte del trabajo de la agencia. Eso podría fomentar el fraude o el mal uso del dinero de los contribuyentes, en lugar de limitarlo, como Trump y Musk han prometido que hará la nueva iniciativa del Departamento de Eficiencia Gubernamental.
"La supervisión federal es vital", dijo Corey Hinderstein, administrador adjunto para la no proliferación de la agencia bajo la presidencia de Joe Biden. "¿Tienes algún proyecto de construcción en tu casa? No le dirías simplemente al contratista: 'Quiero algo como esta habitación. Diviértete'".
Andrea Woods, vocera del Departamento de Energía, dijo en un comunicado: "La NNSA está comprometida a continuar su misión crítica de seguridad nacional mediante el desarrollo, la modernización y la administración de la fuerza nuclear disuasoria de Estados Unidos y los esfuerzos de no proliferación y contraterrorismo".
El departamento ha dicho que la mayoría de los empleados despedidos realizaban tareas administrativas y de oficina que no eran críticas para el funcionamiento de la agencia. Pero un análisis de los documentos internos realizado por The Times, junto con entrevistas a 18 funcionarios y exfuncionarios de la agencia, muestra que eso no es cierto en el caso de la mayoría de las personas que aceptaron el pago a cambio de renunciar.
Muchos de los que se marcharon tenían una autorización de seguridad de alto secreto, denominada Q, que les daba acceso a información sobre cómo se diseñan, producen y utilizan las armas nucleares, dijeron los funcionarios. La oferta de pago les permitía disfrutar de una licencia administrativa con sueldo hasta septiembre, y después renunciar.
El éxodo de los 'trabajadores estrella'
Según Max Stier, presidente y director ejecutivo de Partnership for Public Service, una organización sin fines de lucro que estudia la gobernanza, un número desproporcionado de los aproximadamente 75.000 trabajadores federales que se han acogido a las bajas incentivadas hasta ahora son aquellos cuyas aptitudes tienen demanda en el sector privado y serán difíciles de sustituir.
Ernest Moniz, que fue secretario de Energía bajo la presidencia de Barack Obama, dijo: "Serán los trabajadores estrella quienes tengan más oportunidades de marcharse al sector privado".
La oficina de programas de defensa de la agencia, encargada del esfuerzo de modernización, perdió a Ian Dinesen, su jefe de personal, quien aceptó el pago a cambio de su renuncia. También lo hizo Charles Kosak, asesor principal que había sido subsecretario adjunto tanto en el Departamento de Defensa como en el de Energía.
Kyle Fowler, director del programa de enriquecimiento de uranio, que se utiliza en ojivas nucleares y reactores de submarinos navales, aceptó un empleo en la OTAN. También se ha ido Linda Cordero, directora del programa para modernizar la producción de esferas de plutonio radiactivo, denominadas núcleos o pits, que se colocan en las cabezas nucleares.
La oficina de campo que supervisa el laboratorio de la agencia en Los Álamos, Nuevo México, donde se fabrican los núcleos de plutonio, perdió nueve empleados, según los documentos revisados por el Times. Presupuestada para 97 empleados en el ejercicio fiscal que finalizó el pasado septiembre, ahora funciona con 76. Entre quienes se marcharon estaba el subdirector de operaciones de la instalación, un puesto de alto nivel.
Terry Wallace Jr., quien dirigió el laboratorio en 2018, dijo que en él se llevaban a cabo algunas de las operaciones de mayor riesgo de la agencia. En última instancia, el gobierno es responsable tanto de garantizar la seguridad de la población como de autorizar la realización de los trabajos, dijo. Está "bastante seguro" de que un menor número de funcionarios del gobierno "tendrá un impacto negativo en la operación", añadió.
Y-12, una planta de Oak Ridge, Tennessee, donde se procesará el uranio para la próxima generación de armas nucleares, está siendo sometida a una enorme revisión que ya supera en 4000 millones de dólares el presupuesto. Esa oficina de campo perdió cuatro empleados, y ahora funciona con 84 de los 92 miembros de personal que tenía presupuestados.
Otros cinco miembros del personal dejaron la oficina de campo de la agencia en Las Vegas que supervisa un emplazamiento casi tan grande como Rhode Island donde los científicos realizan experimentos nucleares que ayudan a determinar la seguridad y viabilidad de lo que hay en las reservas nucleares, entre otros asuntos. Uno de ellos ocupó el alto cargo de representante de instalaciones durante 14 años, según su perfil de LinkedIn. Presupuestada para 82 funcionarios, la oficina de campo tiene ahora 67.
"Son puestos muy difíciles de cubrir, porque la gente podría ganar tanto o más dinero trabajando para la propia planta o laboratorio", dijo Jill Hruby, quien dirigió la Administración Nacional de Seguridad Nuclear durante el gobierno de Biden.
Despidos precipitados
Los funcionarios de la agencia, que hablaron bajo condición de anonimato por temor a repercusiones laborales, dicen que aunque pudieran encontrar a las personas adecuadas para las vacantes, no esperan que se les permita contratarlas.
Además, podrían producirse más recortes. Se ordenó a las agencias gubernamentales que elaboraran un plan para nuevas reducciones de plantilla y lo presentaran a la Oficina de Administración de Personal antes del jueves pasado.
De todos modos, algunos de los trabajadores de la agencia que se marcharon estaban a punto de jubilarse. Pero como la oferta de marcharse llegó tan repentinamente, dijeron varios antiguos funcionarios, esos empleados no tuvieron la oportunidad de preparar adecuadamente a sus sustitutos. Incluso la formación de un empleado junior de la agencia puede llevar un año, dijeron los funcionarios.
"¿Quién va a enseñar a esa gente nueva?", dijo un funcionario de alto rango que aceptó el pago por renunciar y habló bajo condición de anonimato por miedo a poner en peligro el acuerdo de salida. "¿Quién va a tutelarlos y quién va a ponerlos al día?".
La situación podría haber sido peor.
A mediados de febrero, más de 300 empleados a prueba de la agencia fueron informados de que iban a ser despedidos: aproximadamente una séptima parte de la plantilla. Después de que los miembros del Congreso se quejaran a Chris Wright, el nuevo secretario de Energía, se rescindieron todos esos despidos, salvo unos 27.
Entre quienes protestaron estaban la senadora republicana por Nebraska, Deb Fischer, y el senador independiente por Maine, Angus King, según funcionarios del gobierno de Trump. Ambos forman parte del Comité de Servicios Armados del Senado.
King, quien discutió los despidos con Wright en repetidas ocasiones, dijo que se preguntaba hasta qué punto Wright estaba implicado en la decisión de despedir. Wright ha dicho que se precipitó al autorizar los despidos.
"Todo este proceso de reducción del gobierno se está llevando a cabo de la forma más descuidada e irresponsable que se pueda imaginar", dijo King.
Los funcionarios habían esperado inicialmente que la misión de seguridad nacional de la agencia nuclear la protegiera de los despidos. Hasta ahora, más de 100.000 empleados federales han sido despedidos o han aceptado pagos por renunciar, pero la mayoría de los recortes se han producido en organismos que no están directamente relacionados con la seguridad nacional.
La agencia nuclear lleva años luchando contra la falta de personal, según la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno, una agencia federal de vigilancia. En un informe de 2022, la agencia nuclear dijo que se enfrentaba a "tremendos problemas de atracción y retención de personal". Un problema es que la agencia compite con el sector privado por los trabajadores, incluidos los propios contratistas de la agencia. Otro es encontrar personas para un trabajo tan altamente especializado.
Los funcionarios estaban tan preocupados por la pérdida de empleados que transportan materiales nucleares que les denegaron el pago por renuncia a más de la mitad de los trabajadores que se apuntaron a él, según documentos de la agencia.
"Ya estábamos faltos de personal", dijo Hinderstein, antiguo adjunto de la agencia. "Porque, ¿cómo conseguir personas con conocimientos de seguridad extremadamente avanzados para poder defender un arma nuclear en la carretera y que estén dispuestas a ser camioneros de larga distancia?".
¿Trabajaste en la Administración Nacional de Seguridad Nuclear? Nos gustaría saber de ti.
Al Times le gustaría conocer tu experiencia mientras investigamos los despidos y los pagos por renuncia en la agencia y el impacto que han tenido. Es posible que nos pongamos en contacto contigo, pero no publicaremos ninguna parte de tu respuesta sin antes ponernos en contacto contigo.
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Trabajadores del centro nuclear de Los Álamos preparándose para limpiar un edificio derruido en 2009. (Mark Holm/The New York Times)
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