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El vuelo aterrizó en San José, la capital costarricense, el jueves por la noche. Entre el grupo de migrantes a bordo había decenas de niños, dijeron las autoridades.
Migrantes de todo el mundo --entre ellos decenas de niños-- aterrizaron el jueves por la noche en San José, capital de Costa Rica, tras haber sido deportados de Estados Unidos por cruzar ilegalmente la frontera sur.
Su avión fue el primer vuelo de este tipo que llegaba a Costa Rica y transportaba al más reciente grupo de migrantes de países del hemisferio oriental deportados por Estados Unidos a Centroamérica, una nueva táctica en la ofensiva del gobierno de Trump contra la migración.
La semana pasada, tres vuelos fueron enviados a Panamá con personas procedentes de países como China e Irán, donde organizar las deportaciones es más complicado para Estados Unidos debido a la falta de relaciones diplomáticas con sus gobiernos o a otros obstáculos.
En Panamá, los migrantes consiguieron comunicarse con periodistas de The New York Times mientras estaban retenidos en un hotel, llamando la atención sobre su incierta situación. Algunos dijeron que habían abandonado sus países huyendo de la persecución y temían por su seguridad si los devolvían.
El jueves, cuando el avión aterrizó en el aeropuerto internacional Juan Santamaría, a las afueras de San José, un grupo de periodistas que se había reunido en la pista captó imágenes de los migrantes a bordo.
Sostenían sus teléfonos móviles junto a las ventanillas, lo que revelaba que no llevaban esposas ni les habían quitado los dispositivos.
Las autoridades dijeron que en el vuelo viajaban 135 personas: 65 niños y 70 adultos, entre ellos un anciano y dos mujeres embarazadas. "En su mayoría son núcleos familiares; vienen familias completas", dijo Omer Badilla, viceministro de Gobernación y director de la autoridad migratoria de Costa Rica.
Otros 65 migrantes llegarían al país en los próximos días, dijo Badilla, señalando que Costa Rica se había comprometido a recibir a 200 migrantes en total.
El vuelo transportaba a personas de más de una decena de naciones, dijeron las autoridades. Más de la mitad del grupo procedía de unos pocos países: Uzbekistán, China y Armenia.
También había personas a bordo procedentes de Afganistán, Irán, Turquía, Jordania, Rusia y Georgia.
A la pregunta de un periodista sobre qué ocurriría con quien se negara a ser devuelto a su país de origen, Badilla dijo: "La mayoría, o casi la totalidad, tiene su deseo de retornar a sus países. Eventualmente, se atenderían puntualmente casos específicos, si existiera alguna solicitud particular".
Dijo: "Es una mera colaboración que pidió Estados Unidos. Entendemos que ellos ya tenían un proceso de deportación, y lo que hace Estados Unidos es buscar un aliado para que le colabore en toda esta plataforma de traslado a sus países".
El avión estaba rodeado por unos 20 agentes de policía. Los deportados desembarcaron a cierta distancia de la multitud de periodistas y subieron inmediatamente a varios autobuses señalizados con la palabra "turismo" que esperaban en la pista de aterrizaje.
Cuando el presidente de Costa Rica, Rodrigo Chaves, habló del vuelo en una conferencia de prensa esta semana, dijo que el gobierno de su país se había sentido obligado a aceptar a estos deportados en particular porque entre ellos había niños.
Costa Rica ha hecho alarde de su historial de defensa de los derechos humanos, incluido el trato a los migrantes.
Desde el aeropuerto, los migrantes serían trasladados a una instalación remota denominada Centro de Atención Temporal de Migrantes, dijeron las autoridades. Se encuentra en el cantón sureño de Corredores, a más de 320 kilómetros de la capital.
"Nosotros descartamos la posibilidad de un hotel justamente para que no nos pase la situación de Panamá", dijo Badilla, funcionario de migración, a The Associated Press.
El gobierno de Costa Rica ha estipulado que los migrantes no permanezcan en el país más de 30 días antes de ser enviados a sus países de origen, una operación que, según ha dicho, será supervisada por organismos de las Naciones Unidas, incluida la Organización Internacional para las Migraciones, y financiada por Estados Unidos. Sin embargo, Chaves ha admitido que, en algunos casos, organizar las deportaciones podría llevar más tiempo.
Annie Correal informa desde Estados Unidos y América Latina para el Times. Más de Annie Correal
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