La Doctrina Donroe

Una superpotencia sin capacidad de acción pierde también su capacidad disuasiva en temas militares, políticos o geopolíticos, y también los comerciales

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El presidente de Estados Unidos,
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (REUTERS/Denis Balibouse)

Profundamente ideológica como si fuera una doctrina de la Guerra Fría, esta doctrina es un intento político de establecer orden o un nuevo orden en una dimensión de las relaciones y conexiones internacionales y políticas bajo determinada visión y determinadas ideas.

Una visión profundamente reactiva a la situación imperante en el momento, como lo fue la Doctrina Monroe, esta doctrina es un mensaje para el ancien regime, pero los mensajes no son suficientes en lo que respecta a constituir una esfera de influencia y, por lo tanto, se ha apoyado en una combinación de acciones comerciales, el despliegue y la acción militar y luego negociaciones para restablecer paz, paz política o paz comercial.

Ha significado desde el comienzo, desde la propia campaña electoral, un crecimiento de las miradas hacia la región; la nueva influencia de América Latina es hija de la globalización y de la capacidad de América Latina para crear problemas relevantes. Venezuela logró crear problemas de dimensión global con su crisis humanitaria, su crisis migratoria y su crisis de Derechos Humanos. A lo que suma una de las principales áreas de expertise de América Latina, que es el crimen organizado en su dimensión narcotráfico, pero también tráfico de personas, que fue muy redituable por unos años.

La doctrina Donroe es esencialmente efectivista en materia de rrpp pero también demuestra efectividad real. La doctrina debía tener la capacidad de resolver la crisis de la frontera sur y lo hizo, tenía que demostrar capacidad de acción contra el crimen organizado/narcotráfico y se llevaron a un dictador paradigmático por su esencia de elemento del crimen organizado, debía tener capacidad para detener el programa nuclear iraní y, bueno, también se hizo.

¿Pero tiene la capacidad de asestar un golpe decisivo? ¿Está esto entre sus postulados? El régimen venezolano sigue, según se ha dicho de manera transitoria, pero a veces no hay nada más definitivo que una solución transitoria; el régimen iraní continúa. Las amenazas a la paz internacional que estos dos regímenes producían siguen existiendo en su esencia.

El presidente del Parlamento venezolano,
El presidente del Parlamento venezolano, Jorge Rodríguez; y la presidenta encargada, Decly Rodríguez (Europa Press)

La doctrina vuelve a lo básico de la política exterior americana del siglo XX, volviendo a usar ciertos métodos del siglo XX, basados en la capacidad real del uso de la fuerza y la posibilidad cierta de usarla. La capacidad militar de EEUU siempre ha estado allí, pero como se había limitado a sí mismo y había prácticamente transformado en un axioma su no uso, la misma se volvió irrelevante. La capacidad latinoamericana de equivocarse llevó a pensar que nunca más volvería a ocurrir. El propio Maduro con toda la flota desplegada frente a su costa completamente subestimó las posibilidades reales que se hiciera algo concreto.

Podemos decir que esto funciona en la lógica de neutralizar los métodos de las otras superpotencias, ¿qué significa ser una superpotencia sino justamente tener capacidad de acción? Una superpotencia sin capacidad de acción pierde también su capacidad disuasiva, no solamente en lo que respecta a temas militares, políticos o geopolíticos, pero también los comerciales. Cuando no se hace nada, no pasa nada. Esta visión tuvo costos muy caros en la arena internacional, especialmente en lo que se refiere a la inacción en la que cayeron las organizaciones multilaterales, esa inacción fue pura y llanamente falta de liderazgo.

Por supuesto que es absurdo ir nuevamente a un sistema fallido y es absurdo reivindicar un sistema fallido. Nadie puede pretender llevar Gaza nuevamente a la época Pre-Trump, como sería inhumano con los venezolanos llevar a Venezuela a la reinstalación de Maduro, o como sería casi a nivel de imbéciles pretender que Irán pueda retomar su programa nuclear bélico. La reivindicación de la ineficiencia no puede ser de recibo, ello costó demasiado en vidas y sufrimiento a los pueblos. Por supuesto que siempre habrá reivindicaciones del viejo (des)orden pero están basadas en demasiado sufrimiento y demasiada muerte.

En ese contexto, Latinoamérica tiene un drama importante, ya que no sabe desde dónde responder, unos quieren responder desde la ideología, una ideología que hoy por hoy es perimida, otros quieren responder como si tuvieran algún tipo de liderazgo regional, otros simplemente quieren esconderse en tanto puedan, otros están simplemente alineados, otros están profundamente desorientados, cuando ellos van la pelota viene, cuando ellos vienen la pelota va. Ahora bien, lo particular de esta “doctrina Donroe” es que esto que ocurre en la región también ocurre a nivel global. ¿Desde dónde responder? ¿Qué responder? ¿Qué somos? ¿Debemos tener cuidado con lo que Mearsheimer describe el espíritu de cruzado de los EEUU?

En este marco, debemos hacer una breve referencia a la Doctrina Monroe. Según la página del Departamento de Estado, el “Presidente James Monroe presentó una declaración al Congreso, que luego fue conocida como la Doctrina Monroe, la misma pasó en gran medida desapercibida para las Grandes Potencias de Europa, pero con el tiempo se convirtió en un principio fundamental de la política exterior estadounidense. Monroe y su secretario de Estado, John Quincy Adams, se basaron en los ideales diplomáticos estadounidenses, como el desentendimiento de los asuntos europeos y la defensa de los derechos de los neutrales, tal como se expresaron en el Discurso de Despedida de Washington y en la justificación de Madison para la Guerra de 1812”.

El capturado Nicolás Maduro y
El capturado Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, asisten a su comparecencia en Manhattan, Nueva York (REUTERS/Jane Rosenberg)

Los tres conceptos principales de la doctrina conforme a la misma página —esferas de influencia separadas para las Américas y Europa, no colonización y no intervención—, fueron diseñados para significar una clara ruptura entre el Nuevo Mundo y el reino autocrático de Europa.

La doctrina involucionó luego hasta convertirse en una justificación para el intervencionismo estadounidense, como ser que el presidente Theodore Roosevelt afirmó el derecho de Estados Unidos a ejercer la “diplomacia del garrote” para intervenir en Latinoamérica y prevenir acciones europeas, transformando efectivamente la doctrina de un escudo defensivo en una herramienta para la intervención estadounidense.

Obviamente, luego la doctrina fue invocada para oponerse a la influencia soviética y al comunismo y diversas intervenciones en la región. La doctrina tuvo momentos complejos como la crisis de los misiles de 1962. A partir de comienzos de 2026, la doctrina experimentó un resurgimiento significativo bajo la dimensión Trump que se reafirma con la “Doctrina Donroe”, para describir una versión renovada con viejos métodos y más capacidad de acción.

Esta nueva elaboración teórico-práctica sirvió de base para la acción militar estadounidense de enero de 2026 en Venezuela, que condujo a la captura de Nicolás Maduro y dio marco a la Estrategia de Seguridad Nacional de 2025; la dinámica teórico-práctica que conlleva plantea diferentes capacidades de acción política estadounidense en el hemisferio centradas específicamente en la promoción y defensa de sus intereses ante las consolidadas influencias china y rusa que han sido más cautos respecto a la doctrina que la fuerte dinámica opositora que ha presentado el ancien regime occidental.

El mundo anterior a la “Doctrina Donroe”, es decir, el mundo de las “reglas claras”, definitivamente no estaba muy claro y no estaba en un buen momento, más bien parecía que se empeoraba constantemente. En la región pasamos de tener una dictadura a tener tres en un rato, por ejemplo. Además de las crisis humanitarias y migratorias ya referidas. Hagamos la referencia más breve que podamos al ancien regime que seguramente se defenderá y no se irá tan fácilmente, sino que buscará alguna forma de continuidad. Bueno, durante décadas de Guerra Fría, el bloque “occidental y democrático” se enriqueció, lo patrullaba la OTAN, y fuera del bloque actuaba frecuentemente imponiendo su voluntad a los Estados más pequeños y/o más pobres. Mientras tanto, Estados Unidos seguía siendo la potencia hegemónica, con sus soldados de élite listos para defender su estilo de vida, pero esta guerra no se trataba solo de poder, sino de ideología; por lo tanto, había margen de error.

En el siglo XX, esa dimensión democrática bajo el liderazgo de la riqueza y el ejército estadounidense marcharon incendiando campos y aldeas en un intento de someter a los demás a la Democracia. La OTAN defendía intereses occidentales y quizás alguna vez la Democracia, y en Latinoamérica Estados Unidos defendía esos intereses y eventualmente las democracias; su lucha era tanto por la forma de gobierno como por la supremacía militar.

Es así como en los setenta, con el apoyo de Estados Unidos, se dieron golpes de Estado en el cono sur y luego en el siglo XXI, con el apoyo de Estados Unidos, los que dieron los golpes de Estado y violaron los DDHH fueron presos. El destino de Europa, ahora la Unión Europea, descansaba en manos de la OTAN y de EEUU y ambos estaban muy “firmes”. La nueva doctrina ha sacudido a la OTAN, cimiento fundamental del ancien regime, además de sacudir la pasividad regional frente a las dictaduras y el crimen organizado.

Estados Unidos es una potencia conocida por su filosofía democrática y su riqueza, y un Estado hoy bastante más disciplinado en la protección de sus intereses basado en la supremacía militar, y que también ha significado ocasionalmente un aliado en la política internacional contra el autoritarismo, pero un Estado en que la paz parece que nunca será su destino (también Mearsheimer).

Pero ojalá los pueblos puedan vivir en paz, con Democracia y Derechos Humanos. Y que las acciones de protección de los pueblos contra los crímenes de lesa humanidad, crímenes de atrocidad y violaciones sistemáticas de Derechos Humanos pasen a ser sustancia definitiva del Derecho Internacional, no para que abusos sean cometidos en su nombre, sino para que realmente sea un instrumento de protección para todos, para toda la gente, para todos los pueblos. Por supuesto que no porque en un caso haya habido abuso policial, se puede pedir a la policía que detenga toda acción contra el crimen. Nuevas interacciones internacionales definitivamente son más que nunca necesarias.

*Luis Almagro es director del Observatorio de Democracia de CASLA Institute.