
Una de las principales acciones de las dictaduras contra la democracia es la destrucción del sistema desde dentro, para lo que sostienen partidos y líderes como parte del sistema democrático. Cuando llegan al poder constituyen un gobierno para dictatorial con miras a avanzar a un nuevo régimen dictatorial. Las democracias latinoamericanas son muy vulnerables a este tipo de ataque, por lo que es importante analizar la ilegalización de los partidos vinculados y/o sostenidos por las dictaduras del socialismo del siglo XXI.
En los países democráticos de las Américas, las condiciones de democracia y libertad, han sido y son aprovechadas por las dictaduras para deteriorar el sistema desde dentro. Hugo Chávez fue liberado de sus delitos como golpista y habilitado para ser candidato presidencial, tomó el poder y destruyó la democracia de Venezuela y de la región.
El acceso al poder por medio de elecciones se convirtió en el siglo 21 en el mecanismo de las dictaduras para destrozar la libertad, el estado de derecho, la separación e independencia de poderes y la libre organización política, desde dentro, y establecer dictaduras electoralistas forzando a los pueblos a “votar pero no elegir”.
La realidad objetiva muestra las campañas electorales promovidas y financiadas por las dictaduras del socialismo del siglo XXI, como la del actual presidente Gustavo Petro en Colombia, denunciada y confesada por su propio operador de campaña y luego embajador en Venezuela Armando Benedetti; campañas como la que llevó a la presidencia de Perú al procesado y ahora preso Pedro Castillo; los 16 años de kirchnerismo en Argentina —con valijas de dinero de por medio— marcados por corrupción y servicio a las dictaduras; el retorno al presidencia —desde la cárcel— con el lavado del Lavajato de Lula da Silva para someter al Brasil a gobierno para dictatorial a costa de su economía y seguridad; las crisis de Honduras con intervención del socialismo del siglo 21 que ha instalado otro gobierno para dictatorial y narcoestado; la reinstalación del régimen en Bolivia luego de la renuncia de Evo Morales el 2019 con la Argentina K como plataforma; y más.
El actual proceso electoral de Ecuador es el caso más reciente de cómo se pueden usar las elecciones para presentar, sostener y popularizar narrativas que presentadas como democráticas y políticas son solo representación del sistema de dictaduras de crimen organizado trasnacional de las Américas, esto es la expansión de la dictadura de Cuba y con el rótulo político de socialismo del siglo XXI y antiimperialismo.

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales del próximo 13 de abril en Ecuador se disputa por una candidata que busca dar impunidad al condenado dictador Rafel Correa y su grupo, reconocer la dictadura de Nicolás Maduro en Venezuela y seguir apoyando el crimen organizado con rótulo de revolución que lidera la dictadura de Cuba. Un esfuerzo extremo para restaurar en toda su forma el narcoestado y la ausencia de democracia de que los ecuatorianos empezaron a salir con la presidencia de Lenín Moreno, pero de cuyas acciones criminales no se ha liberado completamente.
Y la historia sigue este 2025, porque además de Ecuador habrá elecciones generales en Bolivia el 17 de agosto con eventual segunda vuelta presidencial el 19 de octubre, elecciones legislativas en Argentina el 26 de octubre, elecciones generales en Chile el 16 de noviembre con posible balotaje presidencial el 14 de diciembre y elecciones generales en Honduras el 30 de noviembre. En todas la confrontación es entre los candidatos del socialismo del siglo XXI y candidatos democráticos, con la operación de “opositores funcionales” que hacen el juego al régimen en el caso boliviano y hondureño.
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial la democracia no habría sido viable sin la ilegalización del nazismo en Alemania, el fascismo en Italia y en toda Europa; seguirían siendo actores tergiversadores y destructores de la democracia. En Europa “el patrón que impera es el veto a grupos políticos en periodos de transición donde se pasa del autoritarismo a la democracia. La ilegalización en Alemania, Austria o Italia bebe de formaciones con raíces fascistas, y en Lituania o Moldavia, con filiaciones comunistas”.
El Consejo de Europa ha expresado sobre el tema que “el pluralismo político es uno de los principios fundamentales de la democracia” pidiendo limitar las restricciones de los partidos a “algo excepcional en caso que exista una amenaza clara para el orden democrático del país”.
El problema en Latinoamérica es que además de mantener a los partidos de las dictaduras en democracia, los países que sufren o han sufrido regímenes dictatoriales mantienen las constituciones y la legislación infame impuesta autoritariamente y no sancionan la corrupción.
Mantener el “sistema legal autoritario” e “impunidad” es la fórmula para la permanencia indefinida del crimen organizado como actor político falsificado.
*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy
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