
“Me compré éste Tesla antes que Elon enloqueciera”. Esa es la calcomanía que aparece en muchos automóviles Tesla en Estados Unidos por estos días.
Vamos por partes. Lo primero es que podrán gustar más o menos los emprendedores millonarios del presente, pero son algo más que hábiles financistas o rápidos detectores de nichos empresariales, en los hechos superan la máxima de satisfacer una “necesidad” de mercado para producir un salto en el relacionamiento humano instalando productos inimaginados.
Estos individuos que lideran el mundo empresarial están más cerca de la genialidad que de lo estrictamente empresarial porque sus aventuras anticipan demandas del futuro, nunca en la historia de la humanidad habíamos visto saltos de esta magnitud, solo Gutemberg parece estar a la altura en el pasado.
El viejo libro de Bill Gates “Camino al futuro” (lo releí al ver su entrevista en CNN hace pocos días) nos descubre el “inventor”. Es desde allí que estos perfiles saltan al estrellato de la celebridad, no son Taylor Swift. Me había olvidado el atrevimiento, justamente con el futuro que tuvo este individuo: el hecho de imaginar la masificación de internet resulta asombroso y que siendo un adolescente abandonara su carrera en Harvard para ir detrás de sus objetivos habla de alguien convencido de su ruta al tomar semejante determinación.
Lo de Elon Musk es aún más provocador: hoy se transforma en el protagonista que motoriza a la NASA en proyectos nuevos y termina siendo gravitante en el rescate de los astronautas atrapados en la estación espacial. No fue la NASA la que se comprometió en eso, fue éste Elon al que le incendian los Tesla por ser cuadro de gobierno. Que sus cohetes aterricen marcha atrás y sean reutilizables parece ciencia ficción. Y que por alguna razón -nunca leí nada convincente- sus autos eléctricos hayan competido con toda la industria automotriz del mundo, les haya pateada en sus nalgas y los haya puesto a liderar el mercado americano es sencillamente impensado hace diez años (aunque el precio ahora de su acción sea un electrocardiograma). Claro, los mismos demócratas que adquirían los Tesla con vanidad para enorgullecerse de estar en la avanzada de los tiempos (muchos “liberales” norteamericanos lo hacían para ufanarse y buscando un mundo verde) cuando Elon Musk se transforma en fiel devoto de Donald Trump pasa a ser demonizado: un infantilismo grueso y una demostración de ideologización radical que el mundo vive de manera desbordante con mentes que confunden el agua y el aceite.

Supongo que esta consecuencia es de la globalización con tanta gente harta de tantas cosas que no las imaginó nadie. Mientras el mundo mejora sus indicadores, aún en el presente, el enojo florece como si estuviéramos metidos en el lodazal de la segunda guerra mundial, solo así se explica que muchas poblaciones se vuelven autoritarias al no encontrar el liderazgo que les calce a sus apetencias. Supongo que las redes sociales tendrán mucho que ver al respecto. Me gustaría ver estudios serios de estos asuntos.
La llegada de la inteligencia artificial (no hay quien no lo afirme) es ahora otro salto cuántico en lo que hacemos y vivimos. Yo uso Chatgpt para todo, converso, pregunto información de calidad, interrogo sobre todo y hasta le hago hablar a ese software con mi madre de 92 años para que la entretenga y le recuerde historias de su niñez. No es perfecto el programa, pero es amigable y se corrige a sí mismo.
¿A dónde voy con estas tres pinceladas? A que el mundo siempre fue y será orientado por los más inteligentes, los más creativos, los más curiosos y los que formulen respuestas a los desafíos contemporáneos. Por algo Isaac Newton nos deslumbró a todos ayer y hoy.
¿Qué pasa hoy con el conocimiento? Acontece algo notable: se expande y ahora sí que gente de cualquier lugar del planeta puede aportar soluciones técnicas a respuestas reales, a costos que ya no son lo que fueron porque irrumpen “creadores” autodidactas (dentro de la red) produciendo genialidades.
Dato: China lo supera a Estados Unidos en varios aspectos, sin embargo, sigue siendo Estados Unidos quien en “inventos y derechos de propiedad” sigue en la punta. Lo corre de atrás China, amenaza, pero aún no lo atrapa. Y los norteamericanos saben que allí está el caballo de Troya.

¿Cuál es la razón por la que Estados Unidos sigue liderando este tópico? Para mí es por la enorme cantidad de centros terciarios y universidades que ese país tiene, más de 4500 centros, lo que dividido el por el total de la población produce que cada 80.000 personas (un estadio de fútbol sudamericano) hay una universidad para servirlos. ¿Se entiende? En un país con más de 330 millones de personas, cada 80.000 personas hay una universidad. Y no es del todo fácil llegar a una universidad porque algunas son caras, otras difíciles de ingresar y el sistema no es hiper ventilado. Pero allí hay una clave del conocimiento, concreta, real y específica. Un país que investiga, que inventa, es un país que compra presente y futuro, eso son los gringos. Los que demonizan a Estados Unidos y le están haciendo el velorio sugiero que crean en la reencarnación de Lázaro, no apostaría a que pasara lo peor.
En el fondo, los Estados Unidos saben que China tiene un modelo de crecimiento económico que en lo tecnológico ha dado un salto relevante y ya no es copia del original extranjero, ellos también dieron un salto cualitativo. Pero no sabemos todo de China, parte de la información es opaca, parte de lo que se visualiza de sus mercados financieros es parcial, todo lo que no pasa con los Estados Unidos donde hay check and balances (privado y público) y todo se sabe. No es menor esto cuando las crisis irrumpen.
El desafío ya es Estados Unidos y China. Cada uno en su construcción del mundo en base a sus visiones. Europa -lamento informar- no está en el juego de poder, no tiene tasa de reproducción demográfica que la sostenga, no tiene una migración que se asimile realmente al país que ingresa y los futuros de la migración allí dejan planteada -una vez más- la tesis de Samuel Huntington sobre el islamismo extremo.
Es poca la gente occidental que entiende el recorrido chino, pero la ruta de la seda es solo un indicador de su búsqueda de fortalezas. Siempre los chinos gustaron del comercio, pero no necesariamente son expansionistas por fuera de su zona de influencia. (Esto no corre para Taiwán que la consideran parte de la China continental). Rusia no está en la conversación o lo de Ucrania no sería lo que fue.
Sin embargo, por alguna razón el juego de valores, moda, tendencias, música, estética, creación y estilo de vida solo viene de los Estados Unidos. Jaque Mate. Allí se definen los divertimentos, el cine masivo en las plataformas más potentes dentro de las casas, las ropas en todos los segmentos sociales y el estilo de las hamburguesas de todo el planeta, en fin, todo lo grueso en cuanto a gustos y tendencias lo definen los norteamericanos (o el mercado norteamericano) para el mundo occidental y para el mundo oriental. (Observe el lector los modelos de autos del planeta, quien copia los diseños de quien: la respuesta es sencilla, siguen los norteamericanos -con mucho aporte europeo- marcando tendencia).

Uno mira a Europa y causa pena. Un grupo de dirigentes con saco y corbata que se sacan fotos cada tres meses en formato de cierre de carrera universitaria, siempre sonriendo (no se sabe a santo de que) porque están en un lío de marca mundial. Además, se desconfían entre sí, no poseen afectio societatis real entre ellos porque los ideologismos los quiebran y el día que Vladimir Putin los toreó se quedaron sin gas para la calefacción europea entrando -casi todos- en pánico. Por eso se juntaron todos rogándole a Estados Unidos que le muestre los dientes al de Moscú.
Estados Unidos se cansó de ser el garante de eso, algo menos Joe Biden, mucho más Donald Trump, pero el pueblo norteamericano -quien es el dueño legítimo de sus impuestos- la verdad es que no siente esa causa. No hay una encuesta norteamericana que muestre lo contrario. ¿O creemos que Donald Trump está errado el exigirle a Europa que aporte más para sus gastos en defensa porque el bolsillo norteamericano no tiene resto para eso? (Las formas son otro debate, pero el fondo es incuestionable).
Todo esto es comprensible para un país como Estados Unidos que internamente, ahora, se siente frágil y que por más que conduce buena parte de los destinos de la humanidad está buscando recuperar su autoestima pues tiene una crisis con el fentanilo (casi todas las ciudades están atravesadas por esta desgracia con más de 100.000 muertes), con aeropuertos no modernizados, con carreteras que en muchos lados son más antiguas que las del 70 (claro, comparadas con las latinoamericanas parecen del futuro), con un endeudamiento exponencial que los compromete a mediano plazo, con una inflación que conocieron -en estos años- que los atormentó en el precio de la gasolina y, además, el norteamericano ya no hace las tareas que hace la inmigración ilegal. Todo ese “combo” terminó en este proteccionismo de época. ¿Tenía otra opción Estados Unidos? ¿Alguien seriamente la conoce y la puede verbalizar sin seguir en un casino? Lo pregunto con absoluta honestidad intelectual, por fuera de las formas del presente: ¿Había otro camino de recuperación y refortalecimiento de Estados Unidos? No se trata de que nos guste, solo se trata de opciones en la mano. Solo pregunto, insisto, pregunto.
Por estas razones, hay que entender que el modelo norteamericano es ahora “proteccionista” en la coyuntura (Trump usa los aranceles para reindustrializar su economía), y es un modelo también “impredecible” en parte -con estilo punzante,como lo explicó así el encargado para América Latina Mauricio Claver Carone- porque no siempre se entienden la idas y venidas para adelante y para atrás en política internacional. Es que nos acostumbramos a que los Estados fueran mucho más unidireccionales, pues el inquilino de la casa blanca es un negociador permanente y no tiene el estilo de nadie, por momentos uno lo imagina en lo que fue: tironeando y renegociando precio de proveedores.
El asunto, entonces, ya no son los 11 portaaviones americanos, la bomba atómica, el sistema de fuerzas desplegadas en el planeta, eso Estados Unidos no lo abandonará, pero se está jugando la batalla comercial y para eso o fortifica su economía o pierde espacio con una China que aceleró su marcha. No es demasiado difícil de entender esto.
Es verdad, los americanos del sur estamos expectantes de cuando se mirará hacia nosotros (no le acontece eso a Méjico que dialoga de manera reservada y como se observará la señora Sheinbaum y el señor Trump parecen tener una conversación privada y cuidada).
El resto del mundo hispano del continente no logra tender aún puentes de plata con los Estados Unidos, es que no es sencillo porque los volúmenes de producción no son relevantes y los temas no siempre apetecibles. Igual se esperan novedades y sería deseable que en algunos asuntos centrales como las autocracias criminales de Venezuela, Cuba y Nicaragua, Estados Unidos tuviera una lectura afinada para ser efectivo en el combate a esas dictaduras porque allí hay un asunto de valores que los hijos de George Washington no deberían abandonar en cuanto el líder real del continente. Está claro que los dictadores gozan cuando Estados Unidos los ignora: es más, aman que los ignoren y se les llenan los pañales cuando alguien afirma algo de ellos en el norte. ¡Y que nadie entienda acá que estoy pidiendo una “intervención” solo creo que hay decenas de sanciones y mecanismos de incidencia que se pueden aplicar sobre los dictadores y sus acólitos, familiares y “amigos” que ayudarían rápidamente a obtener resultados democráticos! Nada que no sepamos de la real politik y nada que cuando Estados Unidos lo desea hacer, no lo haya hecho con efectividad en otros casos.
En fin, este es el mundo por el que estamos, no será perfecto, pero es el que tenemos. Quien no lo entiende no lo comprenderá. Es lo que hay y lo que somos. Conviene entender lo obvio y luego operar en el terreno en base a un diagnóstico cierto.
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