
Cuba presenta hoy la tragedia de haberse transformado en un régimen de gobernanza fallido (y colapsado) junto a un estado frágil de instituciones anómicas apuntalado por bayonetas (las únicas instituciones funcionales son las represivas: el Ministerio del Interior y las FAR), administrado por un gobierno mediocre y controlado por una oligarquía voraz que se apropia de las riquezas del país por medio un súper holding conocido como GAESA.
Hoy el sistema de gobernanza es controlado por una mafia que ha concentrado el poder económico del país bajo la égida de un monopolio llamado Grupo de Administración Empresarial S.A (GAESA), que fuera fundado por el general de Cuerpo de Ejército Julio Casas Regueiro, y que estructuralmente pertenece el Ministerio de las Fuerzas Armadas (FAR), pero que en la práctica no es más que un gigantesco holding que es manejado por la familia Castro y un grupo de oligarcas cercanos a esta por encima de todo control o auditoría institucional incluyendo el de las propias FAR. Dicho monopolio controla los principales y más estratégicos sectores de la economía y más del 95% de las finanzas del país. Ese inmenso poder ha dejado al gobierno burocrático–institucional, que también es controlado por esta mafia oligárquica, sin recursos que le permitan garantizar las más elementales necesidades básicas de la población como la alimentación, los servicios de salud, el transporte, la electricidad y el acceso a agua potable.
Es en ese contexto oligárquico de extrema voracidad expoliadora -que no asigna recursos priorizados como bajo el anterior estado comunista a derechos sociales pero tampoco permite libertades económicas para que la iniciativa ciudadana genere prosperidad social- que la operación incontrolada de GAESA ha llevado al sistema de gobernanza al colapso.
GAESA se ha convertido en un pulpo empresarial que poco a poco se ha ido extendiendo por los sectores más lucrativos de la economía cubana. Con la adquisición de la Corporación CIMEX S.A., la compañía Habaguanex, la compañía Palco, la Zona Especial de Desarrollo Mariel (ZEDM) y una parte significativa de ETECSA –por citar las más importantes–, este gigantesco monopolio actualmente abarca alrededor del 70% de la economía, un salto descomunal en tan solo seis años.

Por otra parte, con la estratégica adjudicación del Banco Financiero Internacional (BFI) en 2016, en tan solo seis años ha tomado el control del 95% de las finanzas del país. Este ha sido el golpe más duro que ha dado GAESA en su silenciosa estrategia para apoderarse de las riquezas del país.

En la actualidad GAESA no solo está presente directamente en los sectores más lucrativos de la economía por medio de estructuras empresariales subordinadas a ella, sino que también ejerce su poder y control prácticamente sobre el resto de las estructuras empresariales de diversos sectores de la economía nacional. Para ello, utiliza dos vías de control. La primera, colocando a altos oficiales al frente de estas empresas. La segunda, es una especie de poder indirecto que se ejerce por la vía financiera a través del Banco Financiero Internacional (BFI). Esta entidad bancaria perteneciente a GAESA controla las actividades financieras de todas las empresas que operan bajo su sombrilla y alrededor del 95% del flujo de las operaciones comerciales de importación y exportación que se realizan por todas las empresas nacionales y extranjeras que operan en el mercado cubano. Esto ha desbalanceado considerablemente el poder económico institucional en el país. Se ha puesto de un golpe a alrededor del 95% de las finanzas del país en manos de GAESA y han dejado prácticamente sin recursos financieros al gobierno burocrático institucionalizado, convirtiéndolo en una especie de gobernanza subordinada a este nuevo supra poder.
En otras palabras, esta elite mafiosa en el poder es la que tiene bajo su control cada dólar que entra y sale de la isla.

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