
Los nuevos aranceles anunciados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, provocaron una reacción en cadena entre los países afectados, que van desde las potencias exportadoras de Asia hasta socios comerciales históricos en América Latina y Europa.
Las medidas, que entrarán en vigor entre el 5 y el 9 de abril, imponen un arancel base del 10% sobre prácticamente todas las importaciones, con gravámenes adicionales que alcanzan hasta el 49%, dependiendo del país.
Trump justificó las nuevas tarifas bajo el principio de “reciprocidad”, al afirmar que Estados Unidos simplemente responde a lo que otros países ya le estuvieron haciendo. “Los contribuyentes han sido estafados durante más de 50 años”, dijo al presentar su orden ejecutiva. “Pero eso ya no va a suceder”.
Los nuevos gravámenes estadounidenses, que afectan desde productos industriales hasta bienes agrícolas, se suman a los aranceles ya vigentes sobre acero (25%) y aluminio (25%). Además, a partir del 3 de mayo, entrarán en vigor impuestos a autopartes que no estén protegidas por acuerdos de libre comercio.
En simultáneo, Trump aseguró que los aranceles no son solo una cuestión económica, sino también de seguridad nacional. “Esta va a ser la era dorada de Estados Unidos”, declaró durante la firma de la orden ejecutiva. No obstante, los mercados financieros reaccionaron con caídas significativas, reflejando la preocupación global por el impacto de una guerra comercial de gran escala.

A medida que se acerca la entrada en vigor de las nuevas medidas, los países afectados preparan su estrategia, oscilando entre la negociación directa, las acciones multilaterales y las represalias legislativas.
Asia activa sus mecanismos de contención
La primera ministra de Tailandia, Paetongtarn Shinawatra, cuyo país recibió un gravamen del 36%, declaró que su administración tiene “un plan sólido” y anticipó que enviará a su secretario permanente a negociar con las autoridades estadounidenses. El viceministro de Finanzas, Julapun Amornvivat, explicó que “el nivel fue más alto de lo anticipado” y que se preparan pasos para mitigar el impacto inmediato mientras se establecen pautas para futuras negociaciones.

En Corea del Sur, donde se aplicará un arancel del 26%, el presidente interino Han Duck-soo convocó una reunión de emergencia y ordenó movilizar “todos los recursos disponibles” para contrarrestar la medida.
Las autoridades económicas surcoreanas también se enfocarán en medidas de apoyo para el sector automotriz, uno de los más vulnerables. Seúl defendió la baja tasa arancelaria que aplica a los productos estadounidenses, de apenas 0,79%, y señaló que las cifras utilizadas por la Casa Blanca son inexactas.

El Gobierno de Taiwán calificó de “altamente irrazonables” los nuevos aranceles anunciados, que incluyen un gravamen del 32% sobre las exportaciones taiwanesas. Según declaró la portavoz del gabinete, Michelle Lee, “el Yuan Ejecutivo consideró la decisión altamente irrazonable y la lamenta profundamente”.
Lee informó que Taiwán iniciará “negociaciones serias” con Estados Unidos, con el objetivo de revisar la medida y mitigar su impacto sobre el comercio bilateral, uno de los pilares de la economía taiwanesa.
En China, principal objetivo de los aranceles, el régimen reaccionó con dureza. El Ministerio de Comercio aseguró que las medidas “no cumplen con las normas del comercio internacional y perjudican seriamente los derechos e intereses legítimos de las partes afectadas”.
Beijing advirtió que tomará “contramedidas con determinación” y acusó a Washington de practicar “acoso unilateral típico”. Además, recordó que ya respondió previamente con aranceles de hasta el 15% a productos agrícolas estadounidenses, como soja, cerdo y pollo. “No hay salida para el proteccionismo”, afirmó el ministerio en un comunicado.
Las repercusiones en los mercados asiáticos no se hicieron esperar: el índice Kospi de la bolsa de Seúl cayó un 2,73%, mientras que las acciones de exportadoras clave como Samsung Electronics, SK Hynix y Hyundai sufrieron pérdidas de entre el 2% y el 4%. El won surcoreano se depreció frente al dólar.
Oceanía y una postura moderada
En Australia, donde también se aplicará un 10%, el primer ministro Anthony Albanese afirmó que las tarifas “carecen de fundamento” y “contradicen la base de la alianza entre nuestras dos naciones”. No obstante, descartó adoptar represalias: “No nos uniremos a una competencia desleal que conduzca a precios más altos y un crecimiento más lento”.

Nueva Zelanda también rechazó la lógica de los aranceles estadounidenses. El ministro de Comercio, Todd McClay, calificó la medida como inflacionaria y señaló que la tasa arancelaria real del país es “muy baja”, inferior al 10% impuesto por EEUU. “No buscaremos tomar represalias. Eso provocaría un aumento de precios para los consumidores de Nueva Zelanda”, añadió.
Latinoamérica: entre cautela y legislación para la reciprocidad
Los países latinoamericanos recibieron en su mayoría un gravamen del 10%, el más bajo de la nueva tanda arancelaria. Aun así, varios gobiernos comenzaron a diseñar respuestas.
En Brasil, el Congreso aprobó por unanimidad una “ley de reciprocidad económica” que autoriza al Ejecutivo a tomar represalias. El gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva evalúa llevar el caso ante la Organización Mundial del Comercio (OMC) y aseguró que tomará “todas las medidas necesarias para garantizar la reciprocidad en el comercio bilateral”.
El impacto potencial para Brasil, cuyas exportaciones a Estados Unidos superaron los 40.000 millones de dólares en 2024, será significativo en sectores como el petróleo, la aviación y el café. A pesar de ello, el café brasileño, tercer producto más exportado al mercado estadounidense, podría verse favorecido debido a que su arancel es más bajo que el 46% impuesto a competidores como Vietnam.

En Colombia, el presidente Gustavo Petro calificó los aranceles como “un gran error” y advirtió que marcan “el fin del neoliberalismo librecambista”. Su canciller, Laura Sarabia, anunció la apertura de consultas con el sector privado. Aun así, la Cámara Colombo Americana considera que los productos colombianos seguirán siendo competitivos.

Perú expresó su confianza en que el Tratado de Libre Comercio de 2009 con Estados Unidos ampare al país frente a las nuevas tarifas. El primer ministro Gustavo Adrianzén aseguró que “no vemos posibilidades para que lo previsto en el TLC se vea afectado”, aunque reconoció que “es una noticia en desarrollo”. La Cancillería indicó que se trabaja en coordinación con el sector privado y la embajada en Washington.

En Chile, el presidente Gabriel Boric, desde un foro empresarial en India, subrayó que los aranceles afectan los principios del comercio internacional y generan incertidumbre. El cobre, principal exportación chilena, quedó exento de los nuevos impuestos.

Costa Rica, Guatemala y Honduras mantienen una postura de espera, mientras abren líneas de diálogo con actores empresariales y el gobierno estadounidense.
Los regímenes de Venezuela y Nicaragua, por el contrario, recibirán tarifas más altas: del 15% y el 18%, respectivamente. El dirigente de la dictadura chavista Diosdado Cabello ironizó sobre el alcance global de los aranceles y dijo que Estados Unidos está “poniendo impuestos hasta a Marte”.

México, aunque quedó exento de esta ronda, mantiene los aranceles previos del 25% sobre el acero, el aluminio y algunas autopartes. La presidenta Claudia Sheinbaum activó el Plan México, con el fin de fortalecer la producción nacional y evaluar medidas en caso de verse afectado.

Europa: entre la unidad y el pragmatismo
En la Unión Europea, donde se impuso un arancel adicional del 20%, las reacciones también fueron firmes. La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, declaró que las tarifas “no convienen a ninguna parte” y anunció que trabajará “por un acuerdo que evite una guerra comercial que debilite a Occidente”.

Alemania, a través de la Asociación de la Industria Automotriz, llamó a una respuesta coordinada de la UE “con fuerza, pero dispuesta a negociar”.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, afirmó que los aranceles constituyen un “duro golpe a la economía mundial”. También declaró que el bloque está “preparado para responder”, aunque aseguró que “no es demasiado tarde” para abrir negociaciones con Washington.

En el Reino Unido, el ministro de Comercio, Jonathan Reynolds, reafirmó que su país mantiene a Estados Unidos como su “aliado más cercano”, pero advirtió que “nada está fuera de la mesa”. Londres espera llegar a un acuerdo para mitigar el impacto de los aranceles.
(Con información de agencias)
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