
Un grupo de investigadores de la Universidad de Edimburgo, Escocia, en el Reino Unido, consiguió tomar botellas de plástico usadas y convertirlas en un medicamento esencial para tratar la enfermedad de Parkinson.
Esa innovación no solo busca una forma diferente de reciclar, también ofrece una alternativa más limpia y ecológica para fabricar fármacos que muchas personas necesitan.
Los resultados de la investigación, que fue publicada en la revista Nature Sustainability, mostró que es posible transformar el plástico de envases comunes, como botellas de agua o gaseosa, en L-DOPA, que es uno de los principales tratamientos para la enfermedad de Parkinson.

El proceso parte de un plástico llamado PET, muy usado en todo el mundo y difícil de reciclar por completo. Cada año se generan millones de toneladas de PET, un material resistente y liviano, pero que suele terminar como basura.
Gran parte de ese plástico va a parar a basurales, incineradoras o llega a ríos y mares, donde causa contaminación.
El equipo trabajó con bacterias que fueron modificadas para realizar una especie de truco de laboratorio.
Después de desarmar el plástico hasta conseguir ácido tereftálico, las bacterias toman ese material y, siguen instrucciones especiales. Este proceso lleva a transformar al plástico en L-DOPA.

Es como si las bacterias fueran mini fábricas vivas que convierten algo que ya nadie quiere en una medicina valiosa.
Los investigadores explicaron que este método permite aprovechar el carbono del plástico, que de otra manera se perdería como residuo.
Además, la técnica usa menos recursos que los métodos tradicionales, los cuales dependen de combustibles fósiles que se están agotando.
La biología que convierte residuos en oportunidades

Stephen Wallace, quien dirigió la investigación, contó que este hallazgo muestra cómo el plástico puede pasar de ser un problema a convertirse en un recurso para cuidar la salud. “Si se puede fabricar medicina a partir de una botella usada, es interesante pensar en todo lo que se podría lograr con esta tecnología”, expresó Wallace.
Todo el trabajo se realizó en el Centro de Biomanufactura Sostenible en Bucle de Carbono (C-Loop), un centro especial que intenta transformar los desechos industriales en productos útiles.
Este centro cuenta con el apoyo del Consejo de Investigación en Ciencias físicas e ingeniería (EPSRC) y significó una inversión de 18,4 millones de dólares.
También se recibió apoyo de UK Research and Innovation (UKRI), del Centro de Innovación en Biotecnología Industrial (IBioIC) y de la empresa Impact Solutions, que colaboró con pruebas en laboratorio.

Liz Fletcher, directora adjunta de IBioIC, expresó que este proyecto demuestra que la biología puede cambiar la forma de ver los residuos.
“Transformar botellas en medicamentos ayuda a rediseñar procesos y trae beneficios reales para las personas”, sostuvo Fletcher.
El equipo ya pudo producir y aislar L-DOPA en suficiente cantidad para demostrar la técnica fuera del laboratorio.
El próximo reto será llevar el proceso a una escala industrial, lo que requiere hacerlo más eficiente, seguro y económico.
Charlotte Deane, directora de EPSRC, resaltó que la biología sintética puede enfrentar desafíos sociales importantes.
“El grupo de Edimburgo demostró que el carbono del plástico, en vez de desperdiciarse, puede convertirse en productos que suman a la calidad de vida”, afirmó Deane.

Aunque el avance entusiasma, los investigadores advierten que hay desafíos por delante. La técnica todavía necesita ajustes para asegurar que funcione bien en fábricas grandes y no cause nuevos problemas ambientales o económicos.
La Universidad de Edimburgo impulsa esta línea junto a su área de innovación, Edinburgh Innovations. Susan Bodie, directora, invitó a empresas a sumarse a estos desarrollos que buscan una revolución verde en la industria.
Este avance no se limita a medicamentos. Los investigadores ven posible usar la misma técnica para fabricar fragancias, cosméticos y otros productos, usando residuos como materia prima. Así, el plástico que hoy es basura podría convertirse en algo útil y necesario.
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