
A veces, el secreto para un cerebro sano no reside solo en moverse más, sino en la manera de pasar el tiempo sentado.
Un equipo de investigadores de Australia y Canadá encontró que el tipo de actividad sedentaria que se lleve a cabo también impacta en la salud cerebral en los adultos.
Leer, jugar cartas o usar la computadora fortalece la memoria y la agilidad mental, mientras que mirar televisión durante largos ratos puede aumentar el riesgo de deterioro cognitivo.

Este hallazgo genera un cambio en la forma de pensar el cuidado de la mente en la vida diaria.
Elegir un libro o un juego de cartas en vez de la televisión puede ser suficiente para proteger el cerebro y retrasar problemas como el Alzheimer.
La investigación fue publicada en la revista Journal of Alzheimer’s Disease. Fue realizada por Jiatong Chen, Kirsten Dillon-Rossiter y Paul Gardiner y colegas.
Participaron la Universidad de Queensland, la Fundación Pulmonar de Australia y la Universidad Griffith de Australia y la Universidad Western de Canadá.
El desafío del envejecimiento mental

El envejecimiento cerebral es hoy una preocupación global. Más de 55 millones de personas viven con demencia y cada año se suman casi 10 millones de diagnósticos nuevos.
Este panorama impulsó a los investigadores a buscar pistas en los hábitos diarios que pueden incidir en la salud mental.
Si bien el sedentarismo ya se había vinculado con el deterioro cognitivo, la mayoría de los estudios no diferenciaba entre las actividades que se realizan al estar sentado.
Tratar todo el tiempo sedentario como igual deja sin analizar matices que pueden resultar clave para comprender los verdaderos riesgos y ventajas.

Este nuevo trabajo decidió analizar cada tipo de actividad sedentaria por separado. El objetivo fue observar cómo influyen diferentes ocupaciones en la memoria, la atención y otras funciones mentales en adultos de mediana edad y mayores.
Los investigadores se preguntaron: ¿es igual mirar televisión que leer o resolver rompecabezas?
La meta consistió en descubrir si las actividades mentalmente activas protegen la mente, mientras otras pueden representar un riesgo.
El estudio se apoyó en la premisa de que pequeños cambios diarios pueden impactar la salud cerebral durante el envejecimiento.
Ciencia que compara: métodos y hallazgos
El equipo revisó 85 estudios realizados en distintos países, publicados hasta septiembre de 2024. Solo incluyeron investigaciones cuantitativas y con métodos validados.

Quedaron afuera revisiones, tesis y trabajos cualitativos para asegurar la calidad de los resultados. Cada estudio fue evaluado con la herramienta QualSyst.
El análisis sumó datos de 1.575.657 personas. Los trabajos se organizaron en dos grandes grupos: uno para quienes dedican tiempo a mirar televisión y otro para quienes eligen leer, usar la computadora o resolver juegos mentales.
En el grupo de televisión, 28 de 43 estudios (65%) hallaron que pasar muchas horas frente a la pantalla se asocia con menor rendimiento mental. Mirar televisión a diario se relaciona con problemas de memoria, atención y flexibilidad para pensar.
Las actividades mentalmente activas mostraron un efecto diferente. Solo el 8,6% de los 58 estudios analizados detectaron efectos negativos sobre la función cognitiva.
El resto indica que leer, jugar cartas, usar la computadora o resolver rompecabezas pueden asociarse con mejor memoria y mayor agilidad mental.
Los investigadores afirmaron que “los efectos cognitivos del comportamiento sedentario dependen del tipo de actividad realizada”.
También señalaron que: “Promover actividades sedentarias que impliquen un compromiso cognitivo podría apoyar un envejecimiento cerebral saludable, mientras que los comportamientos pasivos excesivos pueden aumentar el riesgo de deterioro cognitivo y enfermedad de Alzheimer”.
Elegir en qué sentarse

Los investigadores proponen priorizar actividades sedentarias que incluyan desafíos mentales como estrategia para cuidar el cerebro.
Reemplazar parte del tiempo de televisión por pasatiempos que estimulan el pensamiento podría beneficiar la salud mental de millones de personas.

Entre las limitaciones, el equipo resalta que la mayoría de los estudios analizados presenta asociaciones, no pruebas de causa y efecto.
Consideran fundamental realizar nuevas investigaciones para comprender por qué ciertas actividades ayudan y otras no.
Los científicos hicieron una invitación: “Las futuras investigaciones deberían centrarse en clarificar los mecanismos detrás de estas asociaciones y explorar intervenciones para mejorar la salud cognitiva en las poblaciones envejecidas”.
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