Los ataques a infraestructuras dominan las últimas horas de la guerra en Irán

Estados Unidos, Israel e Irán han intensificado los bombardeos sobre depósitos energéticos y plantas de agua, generando cortes masivos y contaminación ambiental. Autoridades locales alertan sobre riesgos para la salud y daños en múltiples regiones del país y países vecinos

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La contaminación generada por los ataques contra depósitos de petróleo en Teherán ha obligado a la Organización de Protección Medioambiental de Irán a alertar a la población sobre los riesgos para la salud, advirtiendo sobre nubes de compuestos tóxicos y el peligro de lluvias ácidas derivadas de las explosiones. Estas afectaciones se han dado mientras, según publicó el medio Fars, fuerzas de Estados Unidos, Israel e Irán han intensificado los bombardeos sobre infraestructuras energéticas y plantas de agua clave, provocando importantes cortes de suministro y daños ambientales en diversas regiones de Irán y en países vecinos.

De acuerdo con lo consignado por la agencia Fars, la madrugada posterior al anuncio del presidente estadounidense Donald Trump sobre la posible extensión de los ataques a Irán, se produjo una ofensiva concentrada en instalaciones estratégicas para el país. Estados Unidos llevó a cabo ataques a depósitos de combustible y contra plantas desalinizadoras que suministraban energía y agua potable a múltiples comunidades. El ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araqchi, calificó el impacto sobre la planta desalinizadora de la isla de Qeshm como un crimen, afirmando que el ataque dejó a 30 poblaciones sin acceso al suministro de agua.

Según informó la semioficial Fars, cazas israelíes también ejecutaron ataques durante la noche contra depósitos de petróleo localizados en las áreas de Kuhak y Shahran, en Teherán, así como en la cercana Karaj. Estas acciones marcan, según fuentes israelíes citadas por CNN, el inicio de una “nueva fase de la guerra” con la intensificación de los bombardeos sobre instalaciones logísticas vitales para Irán.

Isfahán, una de las principales provincias industriales iraníes, sufrió daños materiales graves en varias plantas manufactureras debido a los ataques con aviones de combate de Estados Unidos e Israel, lo que fue confirmado por cuerpos de seguridad locales en declaraciones a la radiotelevisión pública IRIB. Las Fuerzas de Defensa de Israel describieron esta campaña como un ataque significativo destinado a componentes críticos de la infraestructura militar iraní.

La población de Teherán, según testigos citados por CNN, amaneció bajo densas nubes negras tras los ataques a los depósitos petroleros. El organismo de protección ambiental iraní recomendó medidas de autoprotección ante la contaminación atmosférica, detallando que la liberación de hidrocarburos y óxidos de nitrógeno y azufre eleva el riesgo de intoxicaciones y de lluvias altamente ácidas en caso de precipitaciones.

Irán también replicó con ataques regionales. El Ministerio del Interior de Bahréin reportó en redes sociales el impacto de drones iraníes en su territorio, resultando heridas al menos tres personas y daños en una planta desalinizadora, así como en instalaciones universitarias de la zona de Muharraq que recibieron fragmentos de misiles.

La infraestructura energética de Israel entró en la ofensiva iraní, tras detallar la Guardia Revolucionaria el lanzamiento contra la refinería de petróleo de Bazan, ubicada en la bahía de Haifa. Para esto se utilizaron misiles balísticos de combustible sólido Kheibar Shekan, dirigidos a un objetivo estratégico del sector hidrocarburífero israelí.

Las consecuencias de los ataques han impactado en la producción petrolera regional. Según el medio Fars, Emiratos Árabes Unidos, que produjo más de 3,5 millones de barriles diarios en enero, comenzó a disminuir sus niveles de extracción y refino en campos marítimos, citando la tensión y los daños como motivación para este recorte. Kuwait, el quinto mayor productor en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), confirmó también una disminución de actividad, argumentando que la continuidad de los ataques de Irán sobre infraestructura energética pone en riesgo la estabilidad y la seguridad de sus operaciones.

La escala y el ritmo de los bombardeos están generando efectos directos tanto en la capacidad de abastecimiento de energía y agua en zonas urbanas e industriales de Irán como en la seguridad ambiental, mientras la expansión de las hostilidades afecta infraestructura crítica en países como Bahréin e Israel. El desarrollo de estos ataques y contrataques complica el acceso básico a servicios esenciales y generan preocupación internacional en torno a la salubridad, la contaminación y la estabilidad en uno de los puntos neurálgicos de la industria petrolera global.