
"Yo cometí un error. Yo no soy religiosa, entonces no le di el peso que tenía y ya pedí disculpas, que creo que pedir perdón es el acto más difícil que puede hacer una persona y a mí, la verdad, que no se me caen los anillos." Estas palabras resumen la reflexión de Violeta Mangriñán tras la controversia surgida por un video en el que felicitó el inicio del Ramadán mostrando un plato de jamón y dos cervezas. Según informó el medio que difundió sus declaraciones, Mangriñán ha enfrentado una avalancha de mensajes de odio y amenazas graves, lo que la llevó a reforzar su seguridad y analizar sus decisiones tras el malestar generado.
Tal como publicó la prensa, la creadora de contenido valenciana reconoció públicamente la dimensión de la polémica. La publicación en TikTok, percibida como una burla hacia la comunidad musulmana, desencadenó acusaciones de racismo y múltiples amenazas tanto contra ella como hacia sus hijas. Frente a esta reacción, eliminó el contenido y emitió disculpas. Sin embargo, debido a la escalada de violencia en los mensajes que ha recibido, optó por contratar seguridad privada, especialmente enfocada en proteger a sus hijas durante los desplazamientos escolares.
Mangriñán relató su vivencia con los mensajes intimidatorios: "He pasado mucho miedo, mucho miedo, porque al final, cuántas cosas horribles pasan en el mundo y piensas: 'a lo mejor algún día me toca a mí y por esta tontería, que para mí era una tontería'". Detalló que la vigilancia y la protección contratadas tienen el objetivo de cubrir momentos cotidianos junto a sus hijas. Esta respuesta, reportó el medio, surge de su temor a que los ataques trasciendan de lo virtual a lo personal y afecten la integridad de su familia.
En sus declaraciones, recogidas por la prensa, Mangriñán reflexionó sobre la responsabilidad vinculada a la exposición y el alcance de las redes sociales. Admitió que su actitud fue imprudente debido a la diferencia de consecuencias entre compartir un meme de forma privada y hacerlo ante una audiencia masiva: "Fui un poco irresponsable al no darme cuenta de que eso se lo mandas a un colega y no pasa nada, pero cuando tienes tanta exposición, para lo bueno y para lo malo, luego pasa lo que pasa: que cuando metes la pata es mucho peor".
La influencer insistió en que la experiencia le ha dejado una enseñanza significativa y promesas de cambio en su comportamiento en línea. "Esto me ha servido para aprender. Yo creo que de todo lo malo aprendemos muchísimo. Para aprender, perder", sostuvo según reportó el medio. Del mismo modo, confirmó que a raíz de estos acontecimientos, renuncia a realizar bromas sobre cualquier creencia religiosa y descartó totalmente reincidir en este tipo de contenido: "Ya lo he aprendido, ya no voy a hacer ninguna broma más sobre ninguna religión, te lo puedo garantizar".
Violeta Mangriñán también se refirió al universo polarizado de las redes sociales y la dificultad de satisfacer a todas las audiencias, especialmente cuando se expone la vida personal en plataformas de gran alcance. “Ya me he dado cuenta de que no se puede acertar con nadie. Hay que cuidar cada cosa que se dice y eso también quita libertad”, señaló citada por el medio, sin ocultar el sentimiento de resignación ante el escrutinio constante al que se ve sometida. Además, recibió apoyo de figuras como María Pombo, quien le ofreció consuelo recordándole la polémica similar que enfrentó con la publicación de unos libros, lo que subraya la naturaleza recurrente de estos conflictos entre influencers.
La creadora también aclaró que, pese a la conmoción reciente, no contempla abandonar España ni mudar su residencia fuera de Madrid, manifestando su apego por el país y por su tierra natal. "No, no he pensado en mudarme. Me encanta España, me encanta Madrid. Si algún día me voy será de vuelta a mi tierra, pero no, qué va", afirmó según detalló el medio.
Respecto a la acusación de haber atacado deliberadamente a una comunidad mediante su publicación, la influencer señaló que su intención se limitó a compartir un meme y nunca buscó ofender ni insultar a nadie: “Tampoco he ido a insultar a nadie ni me he metido con nadie. Simplemente compartí un meme, que para mí era un meme, porque no le doy tanto peso a la religión. Yo no sabía que para ellos era tan sagrado”.
En la fase actual, y tras borrar el video, Mangriñán insiste en que no buscará victimizaciones, aunque sí resalta el impacto del acoso sufrido tanto en el plano psicológico como en el de la seguridad personal. "Obviamente, cuando te cae una ola de 'hate' así, se pasa mal. He aprendido muchísimo. No me va a volver a pasar, te lo aseguro", recoge el medio. La experiencia ha impulsado en la influencer una nueva actitud hacia su exposición digital y el tratamiento respecto a temas culturales y religiosos, al asumir su error y recalcar su intención de actuar con mayor cautela en el futuro.
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