Entre lucro y FOMO: el exacerbado coste de conciertos en EE.UU. empuja a miles a la deuda

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Los Ángeles (EE.UU.), 29 ago (EFE).- El exorbitante costo de entradas a conciertos, que en ocasiones supera los miles de dólares, fuerza a la juventud de Estados Unidos a acumular deudas insostenibles, impulsadas por la reventa a gran escala de semimonopolios y el frenesí del miedo a perderse algo (FOMO, por sus siglas en inglés).

La industria de la música en vivo ha experimentado una espectacular transformación en los últimos años, con precios que han pasado de una media 25 dólares en 1996 a más de 135 dólares por una entrada para importantes giras, según un estudio de Pollstar de finales del año pasado.

A ello se suma un mercado dominado por empresas como Ticketmaster, que actúan no solo como empresas vendedoras de entradas, sino que también manejan su propio sistema de reventa, lo que le permite controlar y beneficiarse de la subida de precios en la compra secundaria.

La generación Z, que abarca las personas nacidas a finales de 1990 y principios de los 2000, se encuentra entre los grupos más vulnerables a las estrategias de precios de conciertos, obligados a pagar precios, en ocasiones, fuera de su alcance.

Para asistir al arranque de la gira mundial de Lady Gaga en Las Vegas algunos pagaron entre 400 y 800 dólares por entrada, según pudo constatar EFE, a lo que habría que sumarle los vuelos, alojamiento o productos de primera necesidad, como comida o agua.

Aunque los precios en los portales de reventa de entradas llegaron a superar los 2.000 dólares en Los Ángeles por boletos en segunda fila.

"Lo especial es lo limitado, y lo limitado son las entradas para conciertos. Y así es como Ticketmaster, con su semimonopolio, puede añadir estas tarifas porque se salen con la suya", indica a EFE JP Krahel, profesor y director del Departamento de Contabilidad de la Universidad Loyola Maryland (EE.UU.).

Al entramado de la subida de precios en las entradas lo adornan el deseo de vivir a base de experiencias que se pueden relatar en las redes sociales, generando así el sentimiento de FOMO que ha calado sobre todo entre una juventud que rechaza la idea de perderse un evento por falta de dinero.

"Si vas a un concierto y nunca se lo cuentas a nadie, desde la perspectiva de un nativo digital no sucedió. Incluso lugares como Disney World están capitalizando esto. Todo el mundo, todo está hecho para tomarse una foto", agrega Krahel.

Detrás de ese FOMO que se alimenta a base de consumismo se esconde un aire de desesperanza entre la juventud.

"Si crees que nunca podrás permitirte una casa, que vivirás de alquiler toda la vida, necesitas algo que te ilusione" y un concierto "sigue siendo, al menos por el momento, más barato que la entrada de una casa, algo que se tiene en el horizonte y que se puede esperar con ilusión, y que se puede lograr y luego compartir", precisa.

De la necesidad de documentar y coleccionar momentos únicos se benefician no solo los portales de venta de entradas, sino las corporativas bancarias, que conceden créditos con letra pequeña.

"Con una deuda de tarjeta de crédito con un interés del 25 %, esa entrada de concierto de 400 dólares, para cuando termines de pagarla puede que haya costado 600, 700 u 800 dólares", explica el analista.

La entrada "te costará un año (pagarla) y 56 dólares adicionales en intereses. Si quieres pagarla en dos años, te costará 112 dólares más. Es solo una consecuencia de las tasas de interés, es un problema matemático. No es un riesgo en el sentido tradicional, es algo que definitivamente pasará, y que no está incluido en el precio del concierto", añade.

El sistema de tarjetas de crédito en EE.UU. funciona como un préstamo constante, ofreciendo la posibilidad de financiar sus compras al instante; sin embargo, esta facilidad crea un ciclo de deuda continuo que, según Krahel, "no ayuda ni beneficia ese tipo de mentalidad de ahorro".

La deuda promedio de tarjetas de crédito en Estados Unidos es de unos 6.400 dólares, según recoge Forbes, lo que, con los elevados intereses, podría atrapar a los deudores en ciclos de pagos permanentes.

"Podrías estar pagando el interés por el resto de tu vida y a una compañía de tarjetas de crédito estará encantada", sentencia el analista.

Mikaela Viqueira